Una de las cosas más
importantes para vivir correctamente es el equilibrio del alma. A menudo, sin
darnos cuenta, proyectamos en los demás nuestro estado de ánimo. Si
desconfiamos de alguien, ese alguien desconfiará de nosotros. Si nos abrimos a
alguien, poco a poco ese alguien se abrirá a nosotros. Si te sientes inseguro
de ti mismo, la gente te verá inseguro. Es muy importante como nos vemos a
nosotros mismos y como nos posicionamos ante el resto. Si te ves inferior a los
demás provocarás que los demás te vean inferior. De lo contrario si ves a los
demás a un nivel por debajo de ti éstos tenderán a generar pensamientos
negativos hacia ti.
Ver a los demás un
nivel por debajo de ti únicamente debe darse ante un orden jerárquico que se
puede encontrar claramente en las artes marciales, en un ejército, o una
empresa. Antes de alarmar a nadie he de aclarar que posicionarte por encima de
los demás es un concepto que no debe conllevar nunca a la prepotencia, al
sentimiento de superioridad, a la sobrevaloración de los demás (sobrevalorar a
tu adversario es una de las claves para la derrota), a la falta de respeto y,
ni mucho menos, al egocentrismo. De esta manera se infunde el respeto que es el
fundamento de cualquier disciplina. No hemos de olvidar nunca que el respeto y
la disciplina son la base de la enseñanza. Verse superior a alguien y
posicionarte por encima de alguien son dos conceptos muy diferentes, no hay que
olvidarlo nunca.
La gente con la que
interactuamos se convierte así, en el espejo de nuestra alma y para vencer
cualquier combate, tanto en las artes marciales como en la vida, hemos de saber
cómo posicionarnos ante el resto.
Para
conseguir el equilibrio del alma hemos de rehuir los extremos y buscar siempre
el punto medio. Cualquier sentimiento, sea bueno o malo, hemos de controlarlo.
Una ira desmesurada provocará que actuemos sin pensar y acabemos
arrepintiéndonos de cosas que no deberíamos haber hecho. Una gran tristeza
puede llevarnos a la enfermedad y volvernos débiles y vulnerables. Una gran
alegría nos hará bajar la guardia y exponernos a peligros que no contemplábamos.
Una gran satisfacción nos conducirá al egocentrismo. Un placer irrefrenado nos llevará a la lujuria y ésta a la pérdida
de la razón y del correcto camino.
En
la práctica de las artes marciales un claro ejemplo sería el siguiente. “Si
pierdes un combate y te inunda el sentimiento de culpa, éste te impedirá
concentrarte y seguir avanzando. De lo contrario, si lo ganas y todo el mundo
te alaba, es muy probable que se dispare tu ego y éste provoque que te desvíes
del buen camino.”
El
alma siempre ha de estar en equilibrio y rehuir de los extremos. Esto es algo
que siempre debemos contemplar. El alma es algo muy maleable y cualquier
emoción la inclinará hacia un lado o hacia otro.
Recuerdo
un maestro Karate Shotokan que para fortalecernos nos golpea en el abdomen y
seguidamente en el lado opuesto para continuar golpeándonos nuevamente en el
abdomen. El objetivo de la práctica era mantenerse firme y estable. Era
entonces cuando dejaba de golpear. Las emociones y los sentimientos golpean el
alma como aquel maestro de karate al alumno, y nosotros hemos de conseguir no
doblarnos, mantenernos rectos y firmes para seguir caminando sin desviarnos de
nuestra senda.
Se
dice que las mejores katanas tienen hasta 3.000 dobleces en su proceso de forja
antes de pasar al templado. Durante la forja, la katana cobra forma
homogeneizando el carbono a lo largo de toda la hoja a base de golpes de
martillo. Tras cientos de golpes, la katana cobra dureza con el proceso de
templado. De la misma manera la vida nos golpea y hemos de ser nosotros mismos,
los buenos herreros que demos forma a nuestro espíritu, hasta que nuestra alma
sea tan dura como el acero de una katana. Entonces, conseguiremos que los
problemas no nos afecten, conseguiremos dominar nuestras emociones y controlar
nuestro cuerpo.
Las
artes marciales, en gran parte, nos deben ayudar a fortalecer nuestro espíritu.
Intentaré recordar un texto de Musashi Miyamoto en “el libro de los cinco
anillos” (Corregirme si me equivoco de autor) que dice algo así como “No se
puede vencer a nadie si se es débil de espíritu por muy fuerte que uno sea.
Para vencer hay que trabajar el espíritu.”
Como
conclusión, siempre que la vida nos de un golpe, hemos de pensar que nos
estamos endureciendo y preparando para el siguiente.

